Colecciono objetos tristes, jubilados de su oficio, que se acurrucan en las esquinas de mi casa como en la sala de estar del Nautilius o encriptados en el Voyager: boyas robadas en barrio El Carmen de Puntarenas que no flotarán nunca más en el océano, plumas que no escribirán ni tacharán más tu nombre, juguetes que no romperá la hija que no tuvimos juntos.
Para ponerle nombre cotidiano al vacío, para materializar la nada y disuadir a los agujeros negros de absorberlo todo, se amontonan en mi mesa comensales (des)dibujados por las sombras de la memoria, chapas de besos destapados, culos de botellas de aguardiente, figuras de películas que vimos juntos, souvenirs de ciudades congeladas donde no quisiera recordar tu nombre aunque quisiera.
Colecciono derrotas que asumen formas diversas: un pase sin usar del subterráneo de Buenos Aires, un vino del Valle Calchaquí, una caja de chocolates de Bariloche, la colilla hecha nieve del tiquete de regreso de El Calafate y el vuelto en menudo del bus de Dulce Nombre.
Poseo fetiches diversos: acumulo anteojos viejos que guardan miradas viejas de estos ojos miopes, legos que solo saben construir barcos piratas, libros de aventura con dedicatorias que no sé leer ni aunque supiera.
Colecciono piedras de tantísimos caminos (piedras chatas de San Telmo, piedras rojas de Salta, La Linda, piedras blancas de Cahuita, piedras negras de Puerto Jiménez, piedras de Coronado en el zapato y de frijoles escogidos en la infancia). Colecciono amores mal habidos, mentiras de psiquiatra, callejones sin salida y esos asombros vencidos de los corchos (qué cosa triste / venir de un árbol / besar el vino / oír las risas / sonreír acaso / al tintineo de copas / y todo para / terminar en un tarro de cristal / como un esqueleto gomoso / del olvido).
Acumulo labios rotos de un mordisco. Silencios rotos por un quejido de orgasmo. Acumulo / mozo / copas rotas, zapatos reventados como sapos, la voz quebrada con que me aconsejo a veces, sobre todo un lunes tarde, para darle pausa a la alborada: mozo / sirvemé la copa rota / que me destroza esta fiebre / obsesiva / de obsesión.
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