No es recomendable dejar para estas horas los discos de Tom Waits y Manos de topo. No es bueno añorar a los pianistas ahogados en Manhathan ni a los guitarristas venidos a dillers en Cahuita. No es bueno recordar el porno casero ni apagar las luces para escucharlo mejor.
No es recomendable beber tanto del Missisipi, del Río de la Plata, del Virilla pa dentro: en el vaso whiskero se mece mi nombre como un niño ahogado en una poza oscura, como escaparse de la escuela y no tener corazón para escribir estas cosas.
No es recomendable pronosticar el fin del mundo dando tragos largos a un verso malamansado de Carlitos, malsano de El Polaco, malparido de Melingo. No, no y no. No es bueno para los antifaces lágrimas de tanto rímel, de tan poca sal. No es bueno hablar de cosas que no hicimos juntos nunca, como ir al cine o hacer el amor. O hablar de conatos de olvido, memorias hechizas, chupetazos en el alma que aun oscurecen moretes.
¿Cuándo empezamos los días por las noches? ¿Cuándo empezamos las botellas por el fondo? ¿Cuándo aprendimos esta rutina sin Abbott ni Costello? ¿Cuándo supiste que Nadie te extraña?. ¿Qué Ninguno, entre los dos, ama tanto a Nadie? ¿Qué Ninguno se duerme con el nombre de Nadie mascullado en el hocico? Nunca. Y tampoco anoche.
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